Ir al contenido principal

Mi ejercicio es tan importante como el suyo




El gimnasio: tierra de músculos pronunciados, hombres extremadamente sudorosos, sonidos medio orgásmicos y mujeres que nunca sudan pero que se ven guapas ejercitándose. También, es la nodriza del típico “selfie de gym” y las membresías que no pasan de enero. Yo, como la isla que siempre he sido, trato de no caer en clichés, sin embargo, he de admitir que después de una fuerte sesión es tentativo tomar la bendita foto y mostrarse al mundo como el Adonis o la Afrodita que uno se cree.

Para llegar a presumir semejante físico, según Felipe mi entrenador, hay que dedicarse a hacer el ejercicio bien, tomarse su tiempo para hacer cada flexión en paz. Y esto fue justamente lo que ÉL no me dejo hacer.

El hombre parecía mi sombra: máquina que yo usaba, máquina que él ocupaba. Está bien, pensé, talvez tenemos una rutina parecida. No creo, él tiene el físico de La Roca y yo la novia de Popeye. Talvez no me hubiera molestado tanto, si su insistencia hubiera sido un poco disimulada. Mientras yo usaba las maquinas, él revoloteaba a mi alrededor suspirando en exasperación como que si le estuviera causando un gran problema.

Me dispuse a uniré a la clase de spinning, ÉL era tan enorme que jamás pensé que una bicicleta estacionaria lo aguantaría, además de que le daría tiempo de usar todas las maquinas en el gimnasio si así lo deseaba.

Lo vi salir del baño y dirigirse hacia la salida, pero no sin antes decirle algo a Felipe y volverme a ver. No me pude contener y antes de irme tuve que averiguar que fue aquello.

Image result for olive from popeye
Tomada de Popeye.wikia.com
Bueno, aparentemente el hombre cree que es un desperdicio de tiempo la "gente como yo" que es nueva en el gimnasio y no duran más allá de febrero cuando se les desinfla el impulso brindado por las resoluciones de año nuevo y les estorba a los que realmente vienen a hacer ejercicio, como él. Según Felipe, el sentimiento es compartido entre la mayoría como ÉL.

Yo digo que cualquiera que pague la mensualidad por el tiempo que así lo decida tiene todo el derecho de hacer su ejercicio sin un gorila respirándole en la nuca. Yo digo que el hombre no me conoce, no me entrena, no sabe mi nombre y menos va a conocer de mi nivel de compromiso hacia el ejercicio. Yo digo que, al compartir un espacio común con extraños lo mejor que se puede hacer es tratar a todo el mundo con respeto.

Felipe le respondió que le da gracias a Dios ver a más mujeres en el gimnasio porque aquello era un “fiesta de espadas”.

Comentarios