El gimnasio: tierra de músculos pronunciados, hombres extremadamente sudorosos, sonidos medio orgásmicos y mujeres que nunca sudan pero que se ven guapas ejercitándose. También, es la nodriza del típico “ selfie de gym” y las membresías que no pasan de enero. Yo, como la isla que siempre he sido, trato de no caer en clichés, sin embargo, he de admitir que después de una fuerte sesión es tentativo tomar la bendita foto y mostrarse al mundo como el Adonis o la Afrodita que uno se cree. Para llegar a presumir semejante físico, según Felipe mi entrenador, hay que dedicarse a hacer el ejercicio bien, tomarse su tiempo para hacer cada flexión en paz. Y esto fue justamente lo que ÉL no me dejo hacer. El hombre parecía mi sombra: máquina que yo usaba, máquina que él ocupaba. Está bien, pensé, talvez tenemos una rutina parecida. No creo, él tiene el físico de La Roca y yo la novia de Popeye. Talvez no me hubiera molestado tanto, si su insistencia hubiera sido un poco disimulada. M...
Un blog bastante dramático y exagerado de cosas que me pasan...